lunes, 2 de noviembre de 2009

El Museo Hippie.





Daniel "Peluca" Domínguez se instaló en San Marcos Sierras a fines de los '70. Allí se formó la primera comunidad "del limón"; hoy es el nombre de una hostería del lugar. Puso en práctica la filosofía de paz y amor en los años de plomo. Tiene un museo Hippie -que cuenta con obras de artistas reconocidos- y con el que pretende rescatar algunos "conceptos morales olvidados".
De alguna manera, la obra simboliza el espíritu de un fragmento de una comunidad que en la actualidad convive en la diversidad.

Este lugar que atesora recuerdos de una época incomparable para quienes la vivieron, descansa en la recóndita población de San Marcos Sierras, departamento Cruz del Eje, al norte del Valle de Punilla.

Su mentor es Daniel Domínguez (alias Peluca), quien apenas nos ve empieza a desgranar agradables relatos referidos al fenómeno social hippie. Mientras se repasa la historia de esta comunidad, las paredes del sitio despiden arte: música, esculturas, pinturas y literatura adornan un ambiente pequeño pero dotado de una exquisita grandeza.

Siempre quiso mudarse al campo, una idea habitual en muchos jóvenes de aquella década dorada del movimiento. El momento para poner en práctica las teorías de convivir en comuna en años conflictivos para una Argentina sometida al poder de las armas.

“Es una época que me encantaría volver a vivirla. Ya soy un adulto y quizás no sea tan hippie como lo fui en la juventud, pero de alguna forma trato de ser consecuente con la base filosófica y con toda la idea que me motivó a venir a vivir al campo, a trabajar la tierra, a alimentarme con lo que podían producir mis manos, como hizo León Tolstoy, buscando de alguna manera aquella utopía”, cuenta.

Sostiene que el "hippismo" expresó una manera de vida diferente en una época atravesada por movimientos como el “Mayo Francés” en Europa, y la resistencia a la guerra de Vietnam en Estados Unidos. En cambio, en Argentina el movimiento comenzó a gestarse como reacción a las dictaduras militares, en especial la de Juan Carlos Onganía.

Según Daniel, en San Marcos Sierras fue donde se constituyó la primera comunidad rural del país, denominada "comunidad del limón" convertida actualmente en una hostería que lleva el mismo nombre. Partícipe y estudioso de este fenómeno, “Peluca” nos cuenta que hubo “hippies” hace 2400 años y que fueron representados por los cínicos en la antigua Grecia, siendo Diógenes uno de sus mayores exponentes.

La charla deriva hacia el sistema económico y social vigente. Le pregunto si rescata algo y dice: “Tomo del sistema lo que me es útil y lo que creo que no es nocivo. No creo en las estructuras políticas como están dadas ni tampoco en que la sociedad deba estar policialmente militarizada como está. También existen varios conceptos de moral que no comparto, pero dentro de lo que ampara el artículo 19 de la Constitución Nacional trato de vivir de la mejor manera posible”.

En el fondo del lugar donde se sitúa el museo, ya al aire libre, existe una infinidad de botellas de vidrio color verde. A su lado, una base de cimiento. La idea es pegar las 14 mil botellas reunidas por Domínguez, en doble fila y con el pico hacia al medio: “Pienso armar una nueva sala con un gran símbolo de la paz”, nos explica. La mayoría de los envases se encuentran cerrados y en su interior existen mensajes con deseos de paz redactados por los visitantes. Daniel nos invita a participar.

La propuesta consiste en sentarse y escuchar con atención lo que nos cuenta “Peluca”. La historia es muy rica y además la narración conlleva tonos irónicos y graciosos bien manejados por el anfitrión. Luego se puede observar una de las dos copias del primer disco de The Beatles: Introduction beatles de england number one bocan group” que fue editado en Estados Unidos seis meses antes del que todos conocen como el inicial “Por favor compláceme” o mal traducido en nuestro país por los censores de turno “Por favor yo” (la otra reproducción se encuentra en el Museo Lennon).

Además se puede apreciar carteles de la artista plástica Marta Minujin, una vieja y “castigada” guitarra que perteneció a José Alberto Iglesias, conocido como “Tanguito”, dos óleos que pertenecen a la artista plástica Marcia Schvartz, prendas de vestir, una amplia bibliografía, una obra denominada “la sonrisa de Gardel” de Liliana Maresca, artista fallecida en 1994, entre otros centenares de objetos.

Daniel nos expresa que utilizó esta excusa del museo hippie para revalorar algunos conceptos morales que se han olvidado; siente que la palabra “hippie” se ha desvirtuado con los años: “Por lo general se habla peyorativamente, se hace referencia a un inadaptado, una persona abandonada en su aspecto personal, que no se asea o que vive drogada. Cosas que si bien tienen que ver en alguna medida con lo real, hay algunos conceptos morales que motivaron a tantos jóvenes a tomar esta actitud que son dignos de rescatar. Por eso revaloro aquellas pautas olvidadas a través de mi relato para que la gente que viene se vaya con una idea más redonda de lo que aspiramos como forma de vida y hacia que cambio social apuntamos”.

“En la sociedad se ha incorporado esto ya desde los ´60 en referencia a la ecología, lo orgánico, la protección del medio ambiente, términos que fueron iniciativa de aquellos jóvenes revolucionarios, no desde la vía armada sino pacífica, una verdadera revolución, la que empieza por uno, como diría Mahatma Gandhi, no la que uno puede generar en los demás”, concluye.

Fuente: www.sosperiodista.com.ar

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