domingo, 6 de junio de 2010

No violencia.

La no violencia o no-violencia (denotando no una negación sino una afirmación) es una práctica o forma de actuación y una ideología política que consiste en no usar la violencia, ya sea como método de protesta o como respuesta a la violencia. Así, hay personas que no usan la violencia, ya sea porque les resulta física o psíquicamente difícil o imposible, o porque creencias religiosas, morales, o éticas se lo impiden de manera radical.

Implicaciones.
Esta negativa al uso de la violencia no implica necesariamente más consecuencias en la ideología política de quienes la propugnan. De hecho, muchas personas no practican personalmente la violencia, pero apoyan opciones políticas o morales que la propugnan o no la excluyen; se da el caso de una gran genocida como Pol Pot afirmó ante un periodista no ser un hombre violento. En este sentido podría decirse que una persona es o no violenta en mayor o menor grado; pero no sólo atendiendo a sus propios actos: habría que valorar también de que forma presta su apoyo a la violencia en el continuo que va del apoyo expreso e incluso material, pasando por las muchas variantes del consentimiento (necesario, redundante, tácito...) para llegar a la negativa expresa e incluso material.

Precisamente del análisis de estas limitaciones de la no violencia personal surgió la moderna noviolencia: escrita así, como una sola palabra, precisamente porque no es sólo la renuncia al uso personal de la violencia, sino una ideología que representa toda una propuesta en positivo para entender los conflictos como momento de la transformación social. Desde una perspectiva noviolenta, los avances históricos de la Humanidad vendrían de su capacidad de evolucionar cooperativamente, y la violencia y la exclusión dejan de percibirse como "intrínsecos al ser humano" sino como tendencias promovidas por actores históricos con intereses determinados que ayudan a crear superestructuras como el complejo militar-industrial, que en un círculo vicioso empujarán la misma violencia de la que se alimentan. En este sentido, el quid de la cuestión de la noviolencia es la negativa a la organización para la violencia: contra la creencia convencional, no se pone el acento en la condena a la reacción personal violenta, sino en la preparación para la violencia. El problema de la violencia política sería la organización para la violencia: la creación de ejércitos u organizaciones armadas que absorben tiempo y recursos humanos, cognitivos, reflexivos, políticos, científicos, materiales (que bastarían sobradamente para resolver todas las carencias cuya disputa originó el recurso a la violencia) con consecuencias catastróficas.

La No Violencia también tiene relación con la apariencia, se opone a imponer este, proponiendo en su lugar ganárselo. Muchos movimientos llevan consigo el actuar con violencia, mientras que otros lo rechazan.

La metodología de acción personal y social basada en la “no-violencia activa”, promueve una actitud social y personal frente a la vida, que tiene como herramientas principales de acción conjunta y conducta personal y social:

  • El rechazo y vacío a las diferentes formas de discriminación y violencia.
  • La no-colaboración con las prácticas violentas.
  • La denuncia de todos los hechos de violencia y discriminación.
  • La desobediencia civil frente a la violencia institucionalizada.
  • La organización y movilización social, voluntaria y solidaria.
  • El apoyo decidido a todo aquello que favorezca la no-violencia activa.
La superación de las raíces de la violencia en uno mismo, el desarrollo de las virtudes personales y de las mejores y más profundas aspiraciones humanas.
Según esta metodología, la acción por la transformación social no se opone a la acción por la transformación personal. Por el contrario, se las entiende como íntimamente vinculadas proponiendo un accionar simultáneo por superar tanto la violencia social (externa) como la violencia personal (interna).

La desobediencia civil. Consiste en no cumplir el pago de impuestos o cualquier otra ley que uno considere que es injusta u opresiva. La desobediencia civil que probablemente ha tenido una mayor continuidad y repercusión históricas ha sido siempre la Objeción de conciencia al servicio militar y a otros trabajos obligados por el Estado; se tienen noticias desde la mitología griega hasta todos los estados en que actualmente se mantiene el Servicio Militar Obligatorio, e incluso en ejércitos profesionales en tiempo de guerra. También fue usada por Henry David Thoreau, pensador y escritor anarquista de Massachusetts (EU), que en 1885 se negó a contribuir con sus impuestos a un estado que apoyaba la esclavitud y escribió al respecto un influyente Ensayo sobre la desobediencia civil que influyó en el pensamiento de León Tolstoy, Gandhi y Martin Luther King. Actualmente, y desde la Guerra del Vietnam, continúa la Objeción Fiscal a los Gastos Militares y la Objeción Científica a la Investigación Militar en buen número de países, incluida España.

La huelga de hambre Se basa en, como su nombre indica, negarse a ingerir alimentos hasta que aquello por lo que actuamos se cumpla, fueron un verdadero quebradero de cabeza para el gobierno Británico, las continuas huelgas de hambre de Gandhi.

El boicot a un producto o empresa. Consiste en negarse a comprar un producto o usar el servicio que una empresa nos ofrece, así lo hizo Martin Luther King, que organizó un boicot de 352 días contra la empresa de autobuses de Alabama, bajo el eslogan de "I am a Man" (yo soy un hombre)

La manifestación pacífica. Es la más conocida de todas, consiste en manifestarse en contra o a favor de algo o alguien, como hizo Martin Luther King en su "marcha sobre Washington" donde pronunció su discurso "Yo tengo un sueño".

El bloqueo. Consiste en la interposición física usando el propio cuerpo (como en las protestas contra los convoys de residuos nucleares en Alemania) o mediante objetos (como en los taponamientos por Greenpeace de vertidos tóxicos): En todo caso evitando daños a las personas, y arriesgando solo la propia integridad.

La no colaboración que consiste en negarse a realizar cualquier acto solicitado por el violento.

Aunque la corriente mayoritaria de nuestra cultura no nos adiestra en estos métodos -y sí en el uso de la coerción violenta- no requieren una preparación mayor, pero si distinta a la que solemos conocer. En cualquier caso, la no violencia apela al sentido de la coherencia entre fines y medios, y rechaza la acusación de utópica mediante la inversión de la prueba: lo utópico es pretender un mundo sin violencia mediante la violencia.

Fuente: De Wikipedia, la enciclopedia libre

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